ENTRE SOFOCOS Y DESVELOS...MENOPÁUSICOS

(Publicado el 04/nov/2019).



“ESTUDIO 1: ECOGRAFÍA ENDOVAGINAL

INFORME:

Útero en posición anteversoflexión central, mide 11.0 x 8.4 x 6.8cm., presencia de masas  sólidas, hipoecogénicas, heterogéneas, arredondeadas, bien delimitadas, distribuidas en todo el miometrio, descritas a seguir:

*Mioma subseroso dependiente del fondo, que mide 6.2x 5.8cm;
*Mioma intramural coprporal anterior, que mide 5.3 x .3cm;
*Mioma intramural corporal anterior, que mide 1.2 x 1.3 cm;
*Mioma intramural corporal posterior, que mide 1.9 x 1.6 cm.;
*Mioma submucoso que mide 3.8 x 3.4cm.
-Cavidad endometrial con mínima cantidad de líquido en su interior.
-Cérvix ecográficamente bien conformados, canal cervical cerrado, con algunas imágenes quísticas simples menores a 6mm.
-Ovarios en posición lateral, el derecho reemplazado por una imagen quística simple, que mide 2.9 x 2.9 cm.; y el izquierdo con características ecográficas normales, mide 2.2 x 1.6 cm.
-Fondo de saco de Douglas con mínima cantidad de líquido libre.

CONCLUSIONES:
1.Miomatosis uterina.
2.Quiste anexial derecho.
3.Quistes de Naboth.
4.EPI.

ESTUDIO 2: ECO DE PARTES BLANDAS

INFORME:

Se realiza rastreo con transductor linear por toda la región púbica, observándose:
*A nivel de tejido subcutáneo, se aprecia una imagen nodular sólida, ovalada, con su mayor eje paralelo a la piel, hipoecogénica, homogénica, que mide 2.7 x 2.1 x 0.9 cm., localizada en región del Monte de Venus.
No se observa vascularización importante de dicha lesión.

CONCLUSIONES:
1.Nódulo sólido subcutáneo en Monte de Venus, se sugiere estudio citológico”.

Recién, al transcribir los exámenes, los asimilo más detenidamente. En su momento, no lo hice, los leí rápido y los guardé. Como no los entendía, me quedé con la información oral que me dio el Radiólogo, cuando me hacía el primer eco:

“-Usted tiene muchísimos miomas y dos son muy grandes, casi del porte del útero. También tiene un quiste en el ovario derecho. Su útero está muy dañado, esto no se cura con medicación ni con inyecciones, sino con cirugía, deben extirparle el útero-”.

Entre mí, le agradecí la sinceridad. Ni en su semblante ni en su voz, se le notaba preocupado. Será que es un diagnóstico que lo explica seguido y ya.

Yo me quedé en shock. Jamás pensé que estaba tan enferma, pues no tenía síntomas muy preocupantes, tan solo el sangrado menstrual en exceso, que lo atribuí a la edad y lo asumí con resignación, por el hecho de ser mujer.

Mi Ginecólogo al ver los exámenes de sangre me dice:
“-Estás con una anemia terrible, con una anemia del diablo-”.

Y me da una orden para los nuevos exámenes, que son los que transcribí. Me envío, entre otra medicación, a tomar vitaminas de hierro.

Mientras tanto, acudo donde el primer Dr., al que fui por una dolencia menor y el que,  con solo ver mis pupilas con uno como esfero, con punta de luz, me dijo que estaba anémica. Él me hizo un eco y me dijo que vaya donde mi Ginecólogo, aparte, me envío exámenes de todo lo básico. Entonces, le entrego los que me envió a hacer él y los dos que me envió el Ginecólogo.

Creía que al verlos, me iba a ratificar lo que dijo el Radiólogo, que es de operación, pero no, se portó muy cauto y me dijo:

“-Su Ginecólogo debe encontrar la manera de cerrar esa llave de la pérdida de sangre-.”

También dijo que el nódulo en el pubis no le parece canceroso. Me mandó a ponerme dos inyecciones de hierro. Voy a la farmacia y me dicen: son 260$. Me asombro y le digo: -¿cuánto? y repite: 260$. No las compré, no disponía de tanto dinero. No sé porqué supuso que yo podría afrontar un gasto tan oneroso.

Ya en la consulta ginecológica, luego de ver los exámenes y de hacerme un examen pélvico, el Dr. me explica que el útero sirve para dos cosas: para tener hijos y para tener cáncer; que la histerectomía, se hace por sangrado muy abundante y por miomas grandes; que los miomas son benignos, pero se pueden malignizar; que en la operación, también me extirpará el nódulo y que el Papanicolau, que en una consulta anterior me hizo, está normal, cero cáncer. Me envió exámenes para antes de la cirugía. Debo volver en una semana y ahí, designará una fecha para la operación. Lo escuché y escuché, la operación era inminente y lo tenía que asumir, en todos los sentidos y punto.

Averigüé recién que quería decir EPI, ha sido: Enfermedad Pélvica Inflamatoria. También leí en el internet mucha información de la Histerectomía, que me saturó. Pero sabía lo que iba a acontecer. Viví, hasta con pena, mi última menstruación. Entre mí pensaba que las molestias, derivadas del sangrado abundante, se terminarían, pero cómo es la vida: Si terminan unas molestias, ¿por qué iba a “librarme” de experimentar otras? Días después…lo supe.

El día anterior a la operación, el Dr. revisó los exámenes preoperatorios, solo tengo una leve taquicardia, provocada por la anemia. Me dio recomendaciones: hasta las 11:00 puedo tomar poca agua y el desayuno debe ser ligero.

Todas las preparaciones en mi cuerpo, antes de la operación las voy a omitir de platicarlas, adrede. Y otra vez, pues ya perdí la cuenta, debo responder infinidad de preguntas para llenar la Historia Clínica, ¿por qué no contratan una red informática o como se llame, en la que se pueda llenar esa historia, solo una vez y no estar recitándola a cada rato? Y para colmo, después, los involucrados en la operación, no la leen, pues a viva voz y en plena operación, tuve que decir: 49…49…cuando me preguntó alguien, por mi edad. Y sí, estuve consciente en toda la operación.

No soy quién para juzgar, pero hubiese preferido que me pusieran anestesia general y no la raquídea. A la mitad de la operación, ya no resistía más la posición en cruz, en la que me colocaron, era desesperante, quería moverme y no podía. Pedí que me durmieran y mejor me hablaron, me dijeron que no hable, que es mejor para mí así, que sino, puedo vomitar y aspirar el vómito. Pero obvio, no era lo mejor para mí, era más seguro para quienes me operaban.

Después de estar en la sala de recuperación, me llevaron a la habitación y el efecto de la anestesia, empezó a desvanecerse y sentí un dolor inenarrable. Fueron horas angustiosas. El apoyo de mi familia en estos duros momentos, fue lo que me mantuvo cuerda y “haciéndome” la fuerte.

Me envolvieron con franela e imperdibles, lo que se conoce como “fajar”. Mi útero había estado enorme, del porte de una mano, cuando lo normal es que sea de ¼ de la mano. Junto con el nódulo, (que resultó ser un fibroma y no un lipoma, como les escuché a los médicos decir cuando observaron lo que habían extirpado), los llevaron a hacerles la biopsia, que a la postre, resultó negativa para cáncer. La Dra. que realizó los exámenes, ha dicho que no se explica tamaña deformidad del útero, que cree que hace 10 años comenzó todo y que a pesar de eso, mi útero fue un útero noble, que inclusive, las trompas de Falopio han estado llenas de sangre.

Ya en casa, anduve preocupada por las llamadas “adherencias” que se pueden hacer tras la operación, recomiendan caminar y no andar encorvada. También me atemorizaba, la sacada de los puntos, pues, a los 10 días de la operación, debía ir a la consulta para ese fin.

Y llegó ese día. El Dr. comenzó por los 5 puntos del pubis, no me dolieron tanto, pues aún sentía la zona media amortiguada. Y ocurrió algo desagradable, no se habían unido los bordes y quedó una abertura, que el Dr. con la ayudante, la trataron de unir con pedazos de “curitas”. (Con el tiempo, sí se unieron y cicatrizaron bien). Luego pasó a los puntos de la herida más grande, sentía unos “halones”, y sí, algo me dolieron, pero no en extremo.

Y a los 20 días de la operación, empecé a sentir SUDORES. Sudores que inician siendo calientes y luego, pasan a ser fríos. Ya me advertían las lecturas que el “termostato” de mi cuerpo, se vería afectado, pues ya no contarían con las hormonas que el útero proveía. Bueno, es la explicación corta y simple, que este momento puedo ofrecer . ¡Cómo y cuánto me refresca el bañarme!

Aún me arde el lado derecho de la herida grande, sigue medio inflamado.

De cuando en cuando y de repente, me atacan los calores, duran menos de un minuto, van y vienen, de noche es igual, seco mis sudores con las sábanas.

Le cuento al Ginecólogo las molestias, los dolores, los calores, mejor me habla y me dice que ya haga todo normal, que la operación no me ha convertido en una inválida, que no me preocupe de nada. Y entre mí digo: solo otra mujer que haya padecido de una histerectomía, me entenderá. Nadie más. Me revisa las heridas, dice que si algo no me pasó en la primera o segunda semana, ya no me pasará nunca.

Al cumplir el mes de la operación, siento débiles mis piernas y siento punzadas en la herida y en el pubis. La herida aún me duele, pero ya mucho menos.

Y pasa el tiempo. Aún sigue inflamado el lado derecho, sobre mi herida grande. Me toco y aún está sensible e hinchado. Mientras tanto, me obsequian un abanico, que alivia en algo mis sofocos.

Mes a mes, continúan los calores menopáusicos, pero no solo me dan de madrugada, sino a cualquier hora del día. Y cuando suceden de madrugada, prefiero anotar en mi celular ideas, cavilaciones, pensamientos. A la postre, reflexioné que dichas ideas, cavilaciones y pensamientos, podrían servir para escribir un blog, que es el que inicié hace una semana, cuando cumplí 50 años.

Y siguen pasando los meses, parece que los calores menopáusicos están más espaciados. He leído y preguntado a otras mujeres de más de 50, si padecen de sofocos, sudores y desvelos y unas me dicen que sí, pero que muy leves y otras, de mayor edad: que a raíz de que se les cortó la menstruación, nunca han sentido nada, que solo fueron cumpliendo años y nada más.

Mi nuevo blog mereció este título: “ENTRE SOFOCOS Y DESVELOS”, pues precisamente, es lo que experimento a diario, a raíz de una histerectomía que tomó el carácter de repentina y urgente,  y que apresuró los síntomas de la menopausia de una manera precipitada, es algo llevadero, aunque tenaz cuando me abrasan los calores.

Pienso en un pasaje de la Biblia, que no lo tenía muy claro, por lo que consulto en internet y, sea como llamen a Dios… Yavé, Jehová, Señor, lo cierto es que en Isaías: Capítulo 55, Versículo 8, dice que: “pues sus proyectos no son los míos, y mis caminos no son los mismos de ustedes”. Y debe ser así. Dios se ríe de nuestros planes, sueños y anhelos.

Y aunque, pude solo subir al blog, los dos párrafos, que anteceden a este, no lo hago. Considero un desahogo el contar esta historia, para que especialmente las mujeres que están pasando por lo mismo, sepan que es normal que a algunas, nos tengan que realizar una histerectomía, que es una operación dolorosa, pero superable si se cumplen con los cuidados y las recomendaciones postoperatorias. Que los síntomas de la menopausia, no golpean  severamente y por igual a todas. Que no estamos locas o somos exageradas al expresar lo que sentimos, no tanto en una forma de lamento, más bien, en una forma de asombro, al constatar, en carne propia, que al estar próximas o traspasar ya el medio siglo, una puede padecer de SOFOCOS, SUDORES Y DESVELOS...y que la vida sigue, aunque no siempre es como una quisiera que fuera.


(Publicado el 04/nov/2019).

No hay comentarios:

Publicar un comentario