(Publicado el 05/ene/2020)
18 /nov/1980 Liceo "PEDRO FERMÍN CEVALLOS" Ambato-ECUADOR
Así se escuchaba el grito destemplado de la Directora de mi
escuela, que sonaba cada mañana de los días martes. En esa época, se estudiaba
de martes a sábado. Era un verdadero suplicio ir ese día en especial, por la circunstancia
anotada, en que mi espíritu de niña inocente y respetuosa al máximo de la
Autoridad, (pues así nos educaron mis padres a mis hermanos y a mí), no podía
alzar su voz y decirle a la Directora, que no era mi culpa, que yo estaba
puntual, esperando afuera de la Dirección, para sacar la Bandera de su estante
y pedestal y que no podía hacerlo, porque simplemente, los señores conserjes no
abrían la Dirección a tiempo.
Seguramente, bajaba las gradas muy de prisa, no me acuerdo.
De lo que sí me acuerdo y nunca olvidaré es que, antes de cantar el Himno Nacional
y poner en posición a la Bandera, disimuladamente y con su misma tela de suave
terciopelo, me limpiaba las lágrimas. Lágrimas de rabia, de impotencia, de
frustración, de tristeza y todo por la injusticia, que martes a martes, siempre
se repetía.
A veces pienso que quisiera nacer nuevamente, pero con la
experiencia de hoy. Puede ser. Aprovechando esta utópica circunstancia, aprovecharía
para decirle a la Directora, con firmeza y respeto, que no era mi culpa y que
por favor, ya deje de llamarme la atención a mí, (y frente a toda la escuela),
que recrimine a los señores conserjes para que cumplan con responsabilidad su
trabajo y abran con anticipación las puertas de la Dirección.
Parece que los recuerdos de la niñez, buenos o malos, se
fijan con mayor claridad en la mente y
en alma.
Ser Abanderada fue un honor para mí y una alegría y
satisfacción para mis padres, que siempre nos exigieron al máximo en cuanto al
rendimiento académico, especialmente. Y a nuestros hijos, les hemos exigido lo
mismo.
En mi caso particular, los méritos académicos, especialmente
de la etapa escolar y universitaria, no
han sido garantía que me haya asegurado un empleo bien remunerado, que me permita
vivir sin apremios. No. Tristemente, (a la fecha que escribo esto), compruebo
que no es así, no es ninguna garantía. Tampoco lo es el título de 4º nivel que
tantas lágrimas, tiempo y dinero me costó. No. Ahora dicen que el masterado
debió ser relacionado a mi título de 3º nivel. Por eso, el trabajo que necesito,
podría ser fuera del Magisterio. Además, estoy convencida que no tengo la
vocación requerida. Los años que trabajé fue gracias a que me sostuvieron mi
responsabilidad, ética profesional y sapiencia. De aulas para adentro fue
llevadero mi trabajo, pero de aulas para afuera, un continuo trajinar.
El 04 de mayo del 2016 solicité trabajo por medio de una red
social, confiando, talvez, en las palabras de mi padre: “Pídele a Dios suerte
que el saber nada te importa”…porque…
Es bien sabido que a la hora de conseguir trabajo, lo que
pesan son las amistades, los compadrazgos, las componendas. Cuentan también: la
sociabilidad, el “bonito carácter”, el tener una “pinta” agraciada, y en otros “particulares
establecimientos”…: la edad, si profesas a pie juntillas la religión católica,
si asistes a misa todooooos los domingos, si cumples con el sacramento del
matrimonio, si eres afable, humilde, si tu personalidad te da para ofrecer la
otra mejilla cuando te ofenden y guardas silencio ante las injusticias…y más circunstancias
por el estilo.
También
están las “referencias laborales” que, por escrito,
te exaltan, pero cuando llaman directamente a preguntar por ti, pues
dicen que
como profesional, muy recomendable, pero como persona, de un “genio
terrible”.
Y pienso y digo: claro, soy de un “genio terrible”, porque me hice la de
oídos
sordos ante las insinuaciones de que la plata y propiedades que tenía
ese
“guía”, “educador”, “maestro”, “apóstol”, “amigo”, (como muchos esbirros
ciegos, lo consideran), no las acepté, cuando me las ofrecía ponerme a
mi disposición. Así de simple. Personalmente, esa extraña propuesta, por
años quedó
relegada en el lugar de las cosas NO olvidadas, pero SÍ intrascendentes,
hasta
cuando me enteré de su ardida “des-recomendación”, por eso hoy, la
traigo a
colación.
Y así es la suerte de una, una vez más el destino hizo que me
tropezara con otro ser enano, (en espíritu y en estatura), también calvo y
viejo, como el anterior, que antes de acceder, a un cargo de mayor jerarquía y remuneración,
fue insistiendo a la nueva autoridad
que no me contraten para el próximo semestre. Obviamente, jamás le caí en
gracia, pues no obedecía sus injustos petitorios de tomar una nueva prueba, o
examen, o recoger un trabajo a destiempo, solo porque se trataba de la hija de
una “colega”, por ejemplo. (Corrió tanta agua bajo el puente, que necesitara un
escrito aparte). Fue tan fácil para este
miserable, dar la orden de “desvincularme”. A pesar de todo, la nueva
autoridad, me prometió que apenas exista una vacante, me llamaría y pasados dos
meses, así lo cumplió. A esa especial persona, siempre la recuerdo con cariño y
gratitud.
Circunstancias desfavorables, me obligaron a renunciar, como
la falta de tiempo para terminar mi especialísimo proyecto de titulación de la
maestría y ya se me vencía, una vez más, el plazo para graduarme. Fue una
decisión difícil, pero debía elegir en seguir en la Universidad, con un título
de 3er nivel que a la larga, ya no me respaldaría; continuar aguantando a un
nuevo imbécil de tutor, (que me exigía que para volver del baño, debía dejar
“tarea” a los estudiantes), aunado al convencimiento de no tener la vocación
para ejercer el magisterio. Emocionalmente, estaba devastada, mis estudiantes
tampoco se merecían a alguien, que poco a poco sentía que se desequilibraba. Y
no me arrepiento de esa decisión, pues en su momento, era imperativo
deslindarme de un trabajo, en el que por ser de una etapa de “nivelación”, no
nos pagaban a tiempo, este desatino fue lo que colmó y completó el estresante cuadro
que me atosigaba.
Para concluir y no volver cansina la lectura, apelo a quienes
puedan leer estas palabras, que si saben de algún trabajo, me avisen por favor
y que compartan este escrito entre sus amistades, de pronto surja una
oportunidad de trabajo y si es en Quito, muchísimo mejor.
Les agradezco el tiempo que se tomaron al leer y para quienes
les parezca inverosímil mi relato, piensen mejor que lo escribí un 28 de
diciembre…si eso les alivia sus conciencias.

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