Por esos caprichos del destino, que uno no entiende, pero que
le sorprenden gratamente, el libro póstumo de Danilo Alberto Pazán Jurado:
“Experiencias de lo no vivido: Cuentos, relatos, novelas cortas”, llegó a mis
manos, 2 veces y en diferentes circunstancias.
Leí el libro de “Dany”, como lo llama su madre, con mucha
emoción y el sentimiento de que me hubiera gustado tanto que hubiese sido mi
alumno. Habríamos tenido infinidad de temas por revisar, debatir, hablar. Me
quedo con la impresión de que fue un alma muy sensible y brillante. Su libro
habla por él.
(A los 7 años de su fallecimiento, me atrevo a parafrasear a
Danilo Alberto Pazán Jurado, con todo el respeto, admiración y cariño que su memoria me
depara):
Ya viví lo suficiente.
Soy ateo y no creo en una vida
después de la muerte. Mi conciencia estuvo siempre libre de ataduras
dogmáticas.
Encaro a la muerte, porque viví a plenitud y eso, para mí,
fue suficiente.
19 años, insisto, fueron
suficientes, fue una
decisión tan transgresora con el amor que me deparaba mi madre, especialmente,
y mis hermanos, mi padre, mi familia, mis amigos, mis compañeros de
estudios. Ya todo lo absorbí del mundo.
Me desenvolví en una sociedad mediocre, donde no ser del “montón”, era cuestionable y en el colegio te acosaban por “ser estudioso, entender una lectura o un caso de factoreo”. Al inició, dicha situación me abrumó, pero conforme pasaban los años y fortalecía mi personalidad, lo superé y veía el entorno, bajo otra perspectiva, una en la que no me permitía desgastar mis energías en defenderme o en dar explicaciones a nadie. Con el tiempo, esos compañeros de aula, se convirtieron en amigos y en cómplices de “pasadas”, majaderías de juventud. He narrado nuestras vivencias colegiales en mis escritos.
Me desenvolví en una sociedad mediocre, donde no ser del “montón”, era cuestionable y en el colegio te acosaban por “ser estudioso, entender una lectura o un caso de factoreo”. Al inició, dicha situación me abrumó, pero conforme pasaban los años y fortalecía mi personalidad, lo superé y veía el entorno, bajo otra perspectiva, una en la que no me permitía desgastar mis energías en defenderme o en dar explicaciones a nadie. Con el tiempo, esos compañeros de aula, se convirtieron en amigos y en cómplices de “pasadas”, majaderías de juventud. He narrado nuestras vivencias colegiales en mis escritos.
Solo me faltó publicar una novela.
De todas maneras, gracias a las gestiones de mi madre, mis cuentos, relatos y
novelas cortas, fueron recopiladas en un libro muy sustancioso. Ahí podrán
darse cuenta que cito con frecuencia frases sobre la muerte. Será porque no la
temía. “LOS RELATOS DE LA PARCA AMBULANTE”, se la dediqué a ella: “La muerte,
para llamarla por su nombre, es la real finalidad de nuestra vida. Por ello es
que de unos años a esta parte, he hecho relación con esta verdadera amiga del
hombre”. (Wolfgang Amadeus Mozart).
En las “Razones del suicida”, hago
el papel de los personajes principales: del que pretendía suicidarse y del buen
samaritano, quien, con sus argumentos trataba de convencerlo de no hacerlo. Entenderán entonces,
que la liberación de mi vida, no fue algo que se me ocurrió de la noche a la
mañana. Fui muy consciente en desearlo y en evadirme de un mundo, en el que no
encajaba y en el que no encontraba motivos para seguir viviendo.
Madre mía, no trates de perdonarme
ni de comprenderme. Piensa que habito en
esa otra dimensión, en la que tú sí crees, donde no hay conflictos, ni penas,
solo paz. Ahí no existen injusticias mami, ya no sentiré impotencia, coraje y
frustración, por no poder subsanarlas.
SIENTE QUE VIVO EN TI Y EN CADA CÉLULA DE TU SER, POR SIEMPRE.
